miércoles, 24 de abril de 2013

¿Es posible el éxito en los tiempos que corren?



Este pasado fin de semana tuve la suerte de asistir a un taller titulado "El Código del Éxito" impartido por Fernando Álvarez al que conocí gracias a la plataforma para profesionales de la Salud conocida como Tekuidamos 2.0 . Una de sus webcasts del pasado mes de Enero titulada "De lenguaje y éxito, pin y pon #teku20" fue impartida por él y he de decir que disfruté enormemente de ella, hasta tal punto que decidí conocerle a través del taller que os he comentado. Fernando Álvarez ha colaborado, entre otras muchas cosas, en la Guía Práctica para el uso de redes sociales en organizaciones sanitarias a la que os invito a hojear.

En el taller que os comentaba, se nos indicaban cuáles eran las claves para alcanzar el éxito. Si consultamos el Diccionario de la Real Academia Española encontramos varias acepciones de la palabra "éxito":

Se trata de una palabra que proviene del latín exitus, salida. (Curiosamente en Medicina utilizamos el término "éxitus" cuando se produce un óbito)
  1. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.
  2. Buena aceptación que tiene alguien o algo.
  3. Fin o terminación de un negocio o asunto.
Mi apreciación personal sobre lo que es el éxito sería: un sentimiento de felicidad con uno mismo y con los demás, de sentirse realizado, satisfecho, completo y disfrutar tanto de la vida personal como de la profesional.
Existen muchos factores internos y externos que nos impiden lograr ese éxito en la vida anhelado por todos. Porque ¿quién no desea tener éxito en la vida? No se trata de descubrir nada que no poseamos ya de forma intrínseca. Personalmente, he de decir que acudir a este taller ha supuesto una gran inyección de moral, directamente en vena, que necesitaba. En los momentos que nos está tocando vivir, la guerra psicológica negativista en la que estamos inmersos es muy potente, nos ciega y nos mina. Se hace muy cuesta arriba el remontar, el ver la luz al final del túnel y nos sentimos en cierto modo derrotados, apesadumbrados, rendidos.

Además de inyectarnos moral hemos desgranado poco a poco, todos esos MIEDOS que en realidad están en nosotros mismos y nos bloquean; el reconocerlos, darles nombre y expulsarlos fuera de nosotros. Una vez hecho esto ya sólo cabe pasar a la acción, trabajar, a no quedarnos con la queja o las buenas intenciones, sino que nos apliquemos y pongamos en marcha de una vez por todas nuestra INTELIGENCIA EJECUTIVA.
Iniciativas de este tipo son muy necesarias no sólo en el ámbito empresarial, donde parece más adecuado aplicarlo, sino en todos y cada uno de los ámbitos. Y básicamente lo digo porque sería muy positivo en los hospitales crear espacios para trabajar en equipo, fomentar el talento personal, utilizar más la inteligencia emocional para resolver los conflictos, hacer del aprendizaje algo lúdico y divertido y validar el esfuerzo de los demás pues representan herramientas tremendamente útiles, que redundan en beneficio de todos, que nos hacen sentir bien y sobretodo nos hace crecer como profesionales, como personas y como sociedad. Por alguna extraña razón parece que no interesa propiciar todo esto aunque es a todas luces, si lo pensamos bien, bastante simple.
Por poner un ejemplo, expondré la situación que en el Hospital Universitario de Burgos está sucediendo. Hace casi un año que el hospital fue inaugurado y nuestro Servicio va a ser el último en trasladarse sobre el último trimestre del presente año. Cuando hablo con colegas noto mucha desmotivación y desánimo, a pesar de que en teoría la mayoría de los servicios médicos disponen de más recursos técnicos que en el antiguo hospital. Curiosamente en lo que casi todos coinciden es en el sentimiento de soledad y aislamiento en el que se encuentran, pues estaban acostumbrados anteriormente a tener puntos de encuentro en muchos lugares: la escalera del hospital, la cafetería, el salón de actos, etc. donde era fácil intercambiar impresiones. La distribución arquitectónica del actual hospital les hace sentirse atomizados, pues está diseñado en forma de bloques comunicados de forma complicada (a veces laberíntica) entre ellos. Las distancias son enormes, la cafetería está en un extremo del hospital, no hay cobertura de móvil y localizar a un compañero en alguna de las infinitas extensiones telefónicas del listín, es muchas veces misión imposible. Falla pues la comunicación, la posibilidad de deliberación fruto del diálogo, ahora convertidos en monólogos de ida y de vuelta.
Parece que hay intereses en que nos encontremos divididos, pues así es más fácil así tener el control y que seamos más dóciles. Craso error. La Medicina del siglo XXI es y debe ser cada vez más multidisciplinar. Es IMPRESCINDIBLE que colaboremos entre las diferentes especialidades médicas. Para ello se han de construir equipos menos jerarquizados o verticales y convertirlos en equipos más fluidos u horizontalizados, menos burocráticos. Sólo así el médico podrá actuar como médico y sentirse parte importante de un equipo. 

Es primordial además, para ejercer nuestra función de sanadores, ser capaces de cuidarnos física y mentalmente, alimentándonos no sólo de ciencia y conocimiento, sino también de ilusión, aliento, alegría, jovialidad, humor, entusiasmo, ánimo y esperanza. Sólo así podremos sacar lo mejor de nosotros mismos y hacer mejor nuestra labor.

Es momento de empezar a buscar espacios de encuentro para que lo anteriormente expuesto sea posible.
Desde aquí quiero dar las gracias a Fernando y a sus colaboradores David y Sergio por poner luz en el camino.