viernes, 10 de mayo de 2013

El poder autosanador de escribir un blog



Hay días que como en la chica de la fotografía de arriba no tienes más remedio que colocarte la sonrisa aunque por dentro te sientas mal o incluso muy mal. Colocarse una sonrisa cuando las cosas van bien es relativamente fácil, sale por sí sola. Sin embargo, cuando las cosas no van bien sonreir es más difícil, pero practicando y aunque al principio salga la sonrisa forzada, tiene un poder mágico, sublime. Toda acción (en este caso la sonrisa) promueve de forma inconsciente una emoción y ésta puede hacernos cambiar el signo de nuestro pensamiento o lenguaje interior.

Hay momentos también en nuestra vida profesional que se hace complicado este ejercicio, especialmente cuando tienes delante pacientes que no han cumplido su ciclo vital, que tienen mil sueños por cumplir y ven seriamente amenazadas sus vidas por la enfermedad. Tenemos que mantenernos fuertes para sostenerlos con sus inquietudes, con su dolor y sus incertidumbres que le provocan sufrimiento. No podemos mostrarnos fríos o esquivos porque el paciente lo va a captar y nos necesita. Pensamos que si nos implicamos mucho no lo vamos a pasar bien y vamos a perder la objetividad necesaria para poder ayudarle. Mi consejo personal sería dejar hablar y escuchar sin juzgar, dejándose fluir y acompañándole. Simplemente con eso, ayudamos a que el propio paciente, muchas veces, obtenga respuestas a sus propias preguntas y se sienta confiado.

Hoy por ejemplo, he tenido en la consulta a un paciente de 60 y pocos años que ha debutado con una enfermedad avanzada de un cáncer de pulmón. Viene de un pueblecito de la zona de Aranda de Duero. Me contaba que era muy deportista, que hacía años había dejado de fumar, que se cuidaba, que había fumado poco y que ahora estaba disfrutando de su prejubilación. Venía por supuesto con dolor físico y emocional. El físico lo calmaba parcialmente con una medicación pautada. Le explico que la radioterapia es para aliviarle el dolor y que a lo mejor no tendrá que tomar tantos calmantes, que tendrá que desplazarse unos cuantos días y que los efectos secundarios van a ser probablemente leves. Viene flanqueado por su mujer y su hijo. Se nota que le quieren y le arropan. Empieza a contarme lo que le preocupa y se echa a llorar. Está más preocupado por su mujer, por lo que piensen los demás y por sus nietecitas que por él mismo (resulta paradójico, pero lo veo con frecuencia, pues se ven reflejados los asuntos pendientes y los miedos). La mujer me cuenta aspectos de su biografía que han sido muy duros, pero que ya ha atravesado y me dice que se siente fuerte para estar con él. Su hijo asiente y me dice que se va a coger unos días de vacaciones para acompañarle en el tratamiento. Despejamos dudas. Hacemos la simulación y la planificación del tratamiento. El lunes nos volvemos a ver para empezar.

Es curioso, pensaba que escribir este blog serviría para ayudar a pacientes a entender qué es esto de la radioterapia y para divulgar temas relacionados con la oncología. Pues resulta que estoy encontrando una forma de liberarme, pues ahora explicando esta historia autobiográfica, ese escozor interior se diluye al compartirlo y hace sentirme mejor. En una palabra, me estoy autoayudando.

Veo que no soy la única a la que me ocurre:

Salvador Casado en su blog expone:
Cuando un médico pierde un paciente no lo pasa bien, nada bien. Cuando el paciente sufre y el tratamiento va mal tampoco. Cuando los pacientes lloran en consulta, uno tras otro, muchas horas a la semana, algo se va rompiendo dentro del médico, algo sutil, frágil, liviano.
Los médicos no somos buenos mostrando sentimientos, generalmente no manejamos bien algunas mareas que la consulta y la profesión levantan. Viene bien recordar que hace muchos años literatura, arte y medicina solían ir de la mano. Viene bien recordar que escribir nos redime y ayuda a expresar el dolor que de otra forma corroería nuestra viguería interna. En el caso del que les escribe, este blog cumple en ocasiones esa función liberadora, una de las cosas que nos permite el verbo es encontrar serenidad al ser capaces de convertir en palabras paisajes interiores que nos resulta complicado vivir.
Hay que dejar salir las emociones. Siempre hay alguna forma para aliviarlas sin que nos cause daño a nosotros mismos ni  a los demás.


Otro ejemplo muy comentado en la red:

Mª José Alonso explica en su "post" La burbuja sus emociones con una paciente afecta de melanoma avanzado. Duro, emotivo y real. Se aprende mucho leyéndolo.

Como ven no soy la única que libera sus emociones con la palabra. El blog como dice Salvador está cumpliendo su función.

Les dejo con esta canción subtitulada de Freddy Mercury: "The show must go on"