martes, 27 de agosto de 2013

Relato de verano. La atrevida ignorancia.



Entró resuelta en el autobús. Tenía ganas de desconectar y descansar por un rato. El "jet lag" y la densidad de información de aquel congreso de la ASTRO la habían dejado exhausta. La organización había tenido a bien realizar una visita a un conocido centro comercial para así tener la oportunidad de llevar algún detalle a amigos y familiares a su regreso. Había sido un largo viaje hasta la costa oeste de EEUU.

Al arrancar el autobús, la guía que hablaba un perfecto castellano con acento mexicano, hizo las pertinentes recomendaciones y comentarios al margen. El resto de pasajeros parecía que tenían ganas de hablar. Se sentó a su lado un compañero que le preguntó en dónde trabajaba. Ella le contestó: "en Burgos". Casi sin pensar él espetó: " ¡Ah! ¿Pero hay Radioterapia en Burgos? Creía que un sitio tan pequeño no tenía....". Ella no quiso ser maleducada por tal observación un tanto desacertada. Para los que trabajan en grandes urbes, el resto de ciudades consideradas "menores" simplemente no existen en su mapa mental. "Y ¿desde cuándo hay radioterapia allí?", insistió. "Desde el año 95 y desde 2005 cuenta con un nuevo acelerador lineal" contestó ella. La ignorancia estaba siendo muy atrevida. Siguió hablando, pero ella prefirió hablar de cosas más banales. No merecía la pena hacerle saber que Burgos capital contaba con una población de unos 180.000 habitantes y que la provincia, muy extensa por cierto, contaba con casi 400.000, a los que había que sumar a los de Soria que no contaban en su provincia con este servicio en su provincia. Tampoco le explicó la carga asistencial que soportaban con casi 1.000 pacientes nuevos al año y otros tantos datos estadísticos que tanto les gusta dar a algunos de sus colegas para darse autobombo.

Estaba en su momento de asueto y no quería malgastar su tiempo. Al finalizar le trayecto, se levantó y se giró, aceptando bajo un guiño la invitación de unas colegas para encontrar el mejor regalo para sus hijas. Una nimiedad como aquella no iba a estropearle un buen día.