viernes, 18 de octubre de 2013

Cineterapia oncológica: Camino. España. Javier Fesser. 2008



"Camino" es una película dirigida por Javier Fesser inspirada en la vida de Alexia González-Barros. El título corresponde al nombre que se le da a la niña en la ficción y que intencionadamente se corresponde con el libro homónimo escrito por José María Escrivá de Balaguer fundador del Opus Dei. La polémica estuvo servida desde un primer momento ya que en palabras de los familiares de la niña se expresó públicamente que “en ningún momento ha existido ni existe relación, colaboración o participación de ninguna clase con el director, guionista, productor o cualquier otra parte responsable de tal ficción”. Este hecho no hizo más que aumentar el interés del público por la película gratuitamente. Como sucede en la mayoría de las películas de corte biográfico es fácil caer en interpretaciones libres, imprecisiones, omisiones, errores de bulto y fantasía desbordada. 

En la película se cuenta la historia de Camino, una niña creyente y magistralmente interpretada por Nerea Camacho, que a la edad de 11 años es diagnosticada de un raro tumor infantil, un rabdomiosarcoma (un tumor mesenquimal originario de musculatura estriada), situado en la columna cervical. En el transcurso narrativo de la enfermedad la niña es sometida a cuatro impresionantes intervenciones quirúrgicas hechas en primer plano con diferentes abordajes e innecesariamente explícitas para el espectador medio, a quimioterapia y a radioterapia intraoperatoria en una de las intervenciones. Aquí quiero hacer un inciso como especialista, pues lo que aparece en la película es un simple equipo de radioscopia (no hace falta abandonar el quirófano, con el delantal plomado basta) y no un acelerador lineal de electrones que es lo que realmente se emplea en técnicas intraoperatorias (RIO). Para más "inri" lo que aparece en la pantalla en el momento de la radiación son imágenes secuenciales de una resonancia magnética cerebral, cuando lo que se estaba enfocando era la columna cervical de la niña y lo lógico era que apareciera una imagen radiográfica de dicha región. En fin, cosas del cine, de la falta de rigor y del desconocimiento absoluto de mi disciplina médica.

En el filme, Camino se enfrenta al mismo tiempo a dos acontecimientos que son nuevos para ella: enamorarse de un modo platónico de un niño que se llama Jesús (el nombre elegido crea un ambiente de confusión entre la realidad y la religiosidad) y el sufrimiento de una grave enfermedad oncológica que la deja tetrapléjica. Camino es una niña alegre, curiosa, guapísima, con unos ojos claros, brillantes, de mirada espontánea y transparente llamando nuestra atención, pues esos ojos se salen casi de la pantalla. En su enfermedad Camino escoge el amor por encima de todo: el amor humano y el amor religioso. Se intercalan en muchas ocasiones preciosas y surrealistas secuencias oníricas. También se nos muestra cómo vive todo este proceso entre su familia, una familia con fuertes convicciones religiosas. La madre, Gloria, es un papel muy bien interpretado por Carme Elías, mostrándonos a una mujer luchadora, extremadamente exigente y controladora, cuya educación religiosa le permite trascender la enfermedad de su hija y que sufre una profunda transformación en esa lucha. El padre, José, también en un formidable papel interpretado por Mariano Venancio encarna la antítesis, mostrándonos la duda en las creencias, la discrepancia de pareceres en cuanto a lo que es mejor para su hija y la incapacidad de enfrentarse a algo tan antinatural como la muerte de su hija. Su pensamiento desvinculado del aspecto religioso vive ahogado en toda la película. La hermana mayor, Nuria, interpretado por Manuela Vellés, es una numeraria del Opus Dei y manifiesta unos sentimientos contrapuestos de admiración y envidia ante su hermana enferma. Finalmente Camino fallece y también el padre en un accidente de tráfico poco tiempo antes, llenando la pantalla de un profundo dolor y sobrecogimiento.

Si tomamos perspectiva y nos alejamos de la polémica podemos ver una película emotiva, arriesgada, bella y bien trabajada a nivel interpretativo. No olvidemos que fue galardonada con seis "Goyas".  Muy dura sí, no apta para cardíacos y posiblemente tampoco para personas con alta sensibilidad emocional. Quizás lo que podemos extraer de forma positiva es como la inteligencia espiritual (de la que ya habla Gardner en referencia a su teoría de las inteligencias múltiples) es un buen instrumento que nos puede ayudar a sobrellevar una enfermedad dolorosa y grave como el cáncer. Dicha inteligencia espiritual o trascendental está presente en todas las personas incluso en ateas, agnósticas o creyentes de diferentes confesiones religiosas.

En 2011 se rodó un documental, esta vez autorizado y con imágenes reales en formato superocho, sobre la vida de Alexia González-Barros,  para limpiar esas imprecisones y versiones novelísticas de la película de Javier Fesser. Alexia en realidad falleció el 6 de Diciembre de 1985 a la edad de 14 años víctima de un sarcoma de Ewing a los 10 meses de su diagnóstico. La niña manifestó en todo momento una gran fuerza, serenidad y entereza ante la enfermedad fuera de lo común. Era la menor de 7 hermanos, y los dos hermanos que le precedieron fallecieron ambos a los pocos meses de nacer. Una experiencia de sufrimiento extremadamente dura como nos cuentan sus testimonios.