jueves, 20 de marzo de 2014

El Sanador Herido


"Como médico debo preguntarme siempre qué mensaje me aporta el paciente, ¿qué significa aquél para mí? Cuando no significa nada para mí, no tengo ningún punto de partida. Sólo en lo que el médico mismo es afectado, actúa él. Sólo el herido cura. En cambio, en lo que el médico tiene una coraza personal no puede actuar" Esta sentencia es del médico y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung

Kirón representa la figura del Sanador Herido. Kirón trasciende sus heridas obteniendo de ellas las cualidades de sanador. Es un centauro procedente de la mitología griega, hijo del dios Crono y de la ninfa Fílira. Esta condición le otorga cualidades de dioses y de mortales. Su imagen es mitad hombre (símbolo de conexión con lo divino) y mitad caballo (símbolo de conexión con los instintos). 

Kirón fue rechazado por su madre. Ella se avergonzaba de haberlo engendrado y le abandonó. Habiendo sufrido tal rechazo, Kirón convierte éste en fuerza, recibiendo ayuda por parte de los dioses hasta convertirse él mismo en un gran sanador. Nace así el concepto de  resiliencia o capacidad para crecerse ante la adversidad.

Todos experimentamos en algún momento de nuestras vidas ese vano sentimiento de rechazo y abandono. De éste surgen en muchas ocasiones, una fuerza que nos ayuda a superarlo y a transmutar el dolor en conocimiento. Kirón nos enseña que esta vivencia es necesaria para nosotros. Es lo que como conocemos como experiencia, aportando un valor incalculable a nuestro conocimiento. Estas vivencias o experiencias a su vez podrían o deberían ser compartidas con otros posteriormente.

A través de esta bonita historia del Sanador Herido nos encontramos ante un ideal de relación médico-paciente. Se establece entre el médico y el paciente una relación en condiciones de simetría moral, de empatía. El paciente no sólo se nos presenta con heridas y necesidades, sino también con capacidades. La relación clínica con nuestras propias heridas de sanador nos induce a una actitud proactiva muy beneficiosa para el paciente. Permitimos que el paciente se haga preguntas y le acompañamos a encontrar respuestas. Reconocemos, acogemos y damos espacio al diálogo interior del que sufre para que él mismo pueda dar voz a sus preguntas y vida a sus respuestas.

Los médicos tenemos el gran privilegio de servir y ayudar a nuestros pacientes. Algunos optan hacerlo desde un pedestal, con modelo paternalista y halo de divinidad. En el otro extremo otros optan por un modelo autonomista en la que se deja solo al paciente para que elija, bajo el pretexto de un malentendido respeto. Y por último hay otros que a semejanza del Sanador Herido optan por un modelo deliberativo, empático, de acompañamiento en su enfermedad, de escucha activa y congruente. Nace así un constructivo diálogo entre médico y paciente. De las "heridas" del sanador emana un efecto terapéutico sobre el paciente. Eso es lo que hace grande, maravillosa y bonita a nuestra profesión y no deberíamos dejarlo caer en el olvido.