domingo, 26 de octubre de 2014

Cómo hemos cambiado



Esta es la foto que figura en la orla de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona en el año que me licencié en Medicina y Cirugía en el año 1990. Ha llovido mucho desde entonces y tanto la Medicina como yo hemos cambiado. Así que he decidido escribir un "post" entre nostálgico y actual. 

Como ya enuncié en un "post" anterior, hace algo más de un año nos trasladamos del Hospital Divino Vallés al Hospital Universitario de Burgos. De esta forma estamos ya integrados en un mismo hospital con el resto de médicos especialistas. Durante este año han sucedido un gran número de cambios que no sólo se centran en la ubicación. Mis compañeros y yo hemos ido adquiriendo nuevos conocimientos y habilidades adaptados al equipamiento actual casi, diría yo, por ósmosis. Autoaprender, autoformarse y seguir asistiendo a un número creciente de pacientes es a veces agotador. Se agradece poder compartir conocimiento con otros compañeros, parar un poco y pensar si lo que estás haciendo todo lo bien que podrías hacerlo o se te quedan cosas en el tintero. Compartir conocimiento, exponer dudas existenciales y pragmáticas con compañeros de otros hospitales es siempre un ejercicio saludable. Te da cierta perspectiva y te ayuda a mejorar.

Durante esta semana aciaga de "posts" en mi bitácora personal, he aprovechado para visitar en su trabajo diario a mis compañeros del ICO (Institut Català d'Oncologia) de Girona para compartir experiencias profesionales y asistir al IX Curso de volúmenes en Oncología Radioterápica en Barcelona. Hacía muchos años que no me quedaba unos cuantos días en mi querida Ciudad Condal y por supuesto me he vuelto nostálgica, pues en ella empecé a dar mis primeros pasos en este mundo de la Oncología Radioterápica. He aprovechado el tiempo libre para reencontrarme con viejos amigos y compañeros de fatigas.

El próximo mes de Enero cumplo mis bodas de plata profesionales. Me produce un cierto vértigo sólo de pensarlo y mirar atrás. Al recapitular caigo en la cuenta de cómo hemos cambiado. Y no me refiero a la sensación de que ya todos peinamos más o menos canas y vestimos arrugas bellas, como diría Adolfo Domínguez, que son propias de la madurez, sino de todos los cambios que hemos vivido en este camino. Probablemente no soy ya la chica de ayer ni seré la misma que la de mañana. Cambiamos, maduramos, evolucionamos y no somos muy conscientes de ello. Me produce una cierta gracia cuando mis compañeros me dicen que estoy igual que antes, porque aunque conserves una cierta esencia propia, es evidente que sufrimos cambios. Los cambios en el día a día son tan pequeños que nos adaptamos a ellos casi sin querer, pero con la perpectiva del tiempo los percibes mucho más.

He tenido la suerte o el privilegio de asistir a una evolución exponencial dentro de mi especialidad. Recuerdo que mis comienzos allá por el año 1991 fueron muy rudimentarios. No contaba casi ni con TAC, RM y por supuesto PET. Las dosimetrías se realizaban a mano y los campos de irradiación se diseñaban por referencias anatómicas, para luego pintarlos con indeleble fucsina. Era todo casi artesanal. Ahora disponemos de infinidad de herramientas tecnológicas aplicadas al mundo de la Oncología Radioterápica que han añadido mucha precisión, una reducción considerable de efectos secundarios al paciente, pero a costa de una mayor complejidad y múltiples desafíos en nuestro trabajo: la presión asistencial, la constante y necesaria actualización profesional, las trabas burocráticas, combatir la deshumanización, el encorsetado, desigual y excesivamente jerarquizado sistema sanitario, etc. Todavía siento que me queda mucho por aprender, cambiar y mejorar. 


Y esta soy yo actualmente en mi consulta 

Les dejo con la nueva versión de Sole Giménez de la canción "Cómo hemos cambiado"