lunes, 23 de enero de 2017

Expediente X


La irrupción con fuerza de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en el siglo XXI ha hecho que nuestra realidad cotidiana cambie de una forma vertiginosa y empiecen a surgir con ellos cambios de algunos paradigmas en muchos ámbitos, incluyendo la Sanidad. Nuevas herramientas que no sólo se quedan en un género nuevo de comunicación, sino que nos ayudan a generar autoaprendizaje y empoderamiento.

Somos todavía relativamente pocos los que las utilizamos y las integramos de forma natural e intuitiva en nuestro día a día como complemento necesario a nuestro trabajo como médicos, enfermeras o técnicos. Creemos en su potencial y las empleamos también para opinar de forma libre y personal, tratando de hacer una sana autocrítica de cómo están las cosas en el entorno sanitario. Muchos de esos profesionales involucrados en este mundo de internet, blogs y redes sociales sufrimos (me incluyo, claro está) en alguna ocasión alguna que otra amenaza por las declaraciones publicadas.

Desde que se inició la crisis económica nuestro sistema sanitario no ha dejado de mostrar síntomas de que está enfermo y ya hay muchos elementos que no funcionan correctamente: precariedad en la contratación laboral, sueldos a la baja o congelados, falta de personal, amortización de plazas por jubilación, listas de espera, saturación o "burn out", hostigamiento institucional o laboral, desmotivación, medicina defensiva, etc. Muchos son los ejemplos de compañeros que se han lanzado con valentía a denunciar determinadas situaciones que resultaban injustas, desde el derecho a la libertad de expresión y bajo el inequívoco prisma personal.

Sin embargo parece ser que escribir, opinar o hacer autocrítica, aunque sea sin injuriar ni revelar nombres se ha convertido en un ejercicio de alto riesgo. Este es el caso de una conocida compañera, la Dra Mónica Lalanda, médico, ilustradora gráfica y gran defensora de la bioética a la que le han abierto lo que denomino un "expediente X" en su propio colegio profesional por declaraciones hechas desde su blog "Médico a cuadros" donde denunciaba en verano de 2016 su personal e insostenible situación como médico de Urgencias que le había llevado a decidir a renunciar a su trabajo. Su relato es duro y pienso que no tuvo que ser nada fácil tomar una decisión así. 

Puedo fácilmente imaginar y entender esa situación de desazón y desamparo en esos momentos intentando buscar un punto de partida para autoreconstruirse y tirar hacia delante porque ella también tiene "una vida" y una familia. Me consta que ella ama profundamente su profesión, pues como muchos de los médicos no queremos ser otra cosa y eso añade más dolor a la renuncia voluntaria de su trabajo. Pero lejos de dejar que las aguas vuelvan a su cauce y permitir que sea la propia Mónica quién encuentre los asideros para buscar una salida digna, se echa leña al fuego sobre el árbol caído y se le envía el día de reyes "carbón" a toneladas en forma de un "expediente X".

Nuestra profesión desafortunadamente sabemos que adolece de muchos problemas y el clima laboral en los hospitales deja mucho que desear en demasiadas ocasiones. Quizá escoger para estudiar Medicina a personas con un brillante expediente académico, pero sin valorar la presencia en ellas de otras habilidades sociales como la empatía, la comunicación o el compañerismo nos han convertido, muy a nuestro pesar, en lo que somos. También, sin darnos cuenta, el propio sistema propicia una competitividad entre nosotros mal entendida: números clausus, expediente académico, MIR, OPEs, etc. dejando poco hueco para ese necesario trabajo en equipo. Nos hemos pasado media vida compitiendo entre nosotros y una vez estamos en el entramado de un hospital nos resulta tremendamente complicado dejar de hacerlo y arrimar el hombro. Simplemente no hemos sido nunca entrenados para ello.

Con este panorama en no pocas ocasiones muchos de nosotros hemos tenido la sensación de “sobrevivir” a un medio que se nos hace tremendamente hostil. Tras el amargo trance de vivir situaciones difíciles, hacemos de tripas corazón para poder cumplir con nuestro trabajo como médicos al servicio de pacientes, pues ellos precisan de todo nuestro apoyo y comprensión. Muchas veces me pregunto ¿cuándo somos los médicos los que estamos muy mal, quién nos ayuda y cómo podemos en estas circunstancias seguir adelante sin que ello no repercuta en nuestra labor asistencial y en la vida cotidiana? ¿Debemos seguir sufriendo en silencio estas situaciones? ¿No desearíamos recuperar en todos nuestros hospitales un clima laboral más digno, más respetuoso y emocionalmente más inteligente para poder ofrecer, aunque sea una pura utopía, lo mejor de nosotros mismos? Ahí lo dejo. 

Te mando mucho ánimo y que la fuerza te acompañe Mónica. Como se dice en expediente X, la verdad está ahí fuera. 

Les dejo con este estupendo video ilustrado por la propia Mónica Lalanda. 

  

lunes, 16 de enero de 2017

Selfie radiooncológico


Supongamos que un grupo de radiooncólogos nos hiciéramos un selfie. Hasta aquí nada anormal, pues la moda y la cultura del selfie se ha impuesto hasta tal punto que de hasta la Fundación del Español Urgente (Fundéu) ha adaptado el vocablo en español con la grafía selfi como sinónimo de nuestra palabra autofoto. Pero profundizando en el selfie, desconozco si alguno de nuestros radiooncólogos de esa particular foto nos hemos parado a pensar con verdadero espíritu autocrítico. Es decir, si nos hemos hecho un buen selfie metafóricamente hablando, analizando cómo nos vemos y percibimos nuestra especialidad médica desde distintos ángulos de visión: de frente, desde arriba, desde los lados, desde abajo o a vista de dron.

Así que me pregunto ¿cómo nos vemos a nosotros mismos? ¿Mostramos seriedad o una bonita sonrisa? ¿Ofrecemos una mueca forzada quizá o una plácida espontaneidad? ¿Nos vemos solemnes o indiferentes? ¿Salimos favorecidos o distorsionados? 


A vista de pájaro (o dron para ser más modernos y acordes a esta era tecnológica) nos encontramos ocultos en el sótano de los hospitales bajo muros de espeso cemento que dificulta que seamos vistos. Con suerte se puede observar algún cartel indicativo de su situación donde estamos. Si nos colamos por dentro posiblemente tengamos que preguntar al primero que pase de blanco, muchas veces sin demasiada fortuna, pues posiblemente puede que tampoco lo sepa. La radioterapia es desconocida hasta para los propios sanitarios que trabajan en un hospital.

Dentro ya del búnker, nos encontramos en nuestro hábitat natural, protegidos, en nuestro entorno particular, con una jerga característica y mucha tecnología, aunque la más importante es la que llevamos nosotros mismos incorporada: la humana. En este lugar si nos hacemos un selfie desde arriba salimos favorecidos, sonrientes y orgullosos del potencial de nuestro trabajo para curar el cáncer. Sin embargo, si nos hacemos una foto ladeada, se obtiene una imagen un tanto distorsionada y alguno de nosotros no nos vemos como quisiéramos. Sentimos que la foto no nos hace justicia. Y así nos ven muchos de nuestros compañeros fuera de esta especialidad.

Si cogiéramos un paloselfi y escogiéramos un ángulo muy bajo, correríamos el riesgo de dejar que se entreviera nuestra ropa íntima a pesar de que nos viéramos más altos, esbeltos o grandilocuentes. Cojamos pues el paloselfi y coloquémoslo de frente junto a todos los actores de la radioterapia, con una sonrisa serena, segura y sincera. Me pregunto, ¿nos hemos puesto así alguna vez?(metafóricamente hablando, claro está). En mi humilde opinión no. Y explico por qué.


Es relativamente fácil mirarse el ombligo, agazaparse en el calor de nuestro refugio y no analizar con autocrítica el por qué seguimos siendo "invisibles" o "incomprendidos". Invito pues a hacernos un buen selfie para encontrar respuestas y soluciones.

Así se ve a si misma mi compañera radioncóloga Castalia Fernández, incomprendida

Sabemos que la Oncología Radioterápica (aunque personalmente prefiero el término más corto de Radiooncología) carece de la visibilidad, el reconocimiento y el conocimiento necesarios tanto por la población general como por nuestros compañeros del entorno hospitalario. Los propios radiooncólogos somos responsables en gran medida de que así sea y deberíamos reflexionar y debatir seriamente sobre esa idea.

Así se ve a sí mismo mi colega Amadeo Wals, algo enajenado y feliz de su no cumpleaños

Como no quiero instalarme en la queja y pensar que poco se puede hacer, prefiero centrarme en la búsqueda de posibles pequeñas acciones que están en la mano de todos y que nos podrían ayudar a salir de la invisibilidad. He aquí algunas ideas:

- Educación para la Salud: Si queremos que nos conozcan primero hemos de educar a la población general en el conocimiento básico de la Radiooncología a través de charlas informativas en colegios, institutos, centros de formación profesional, centros cívicos u otros auditorios, campañas contra el cáncer, talleres en los hospitales, asociaciones y escuelas de pacientes. Divulgar no es una cuestión baladí, es algo que considero fundamental para poder llegar a todos. Exige un esfuerzo, pero os aseguro por experiencia que es bien recompensado. Seguro que cada uno de los radiooncólogos de nuestro país podría dar una charla de este tipo en su ciudad. 

Aquí una servidora explicando lo que es la Oncología Radioterápica a alumnos de Primaria

- Universidad: Nuestra presencia en la carrera de Medicina es prácticamente testimonial y los estudiantes de Medicina no rotan habitualmente por nuestros Servicios. Una buena manera de darnos a conocer los hospitales que dispongan de una Facultad de Medicina cerca sería fomentar rotaciones en esta especialidad médica en el ámbito de la Oncología. También deberíamos explicar más y mejor a los estudiantes que hayan finalizado sus estudios y estén preparando el MIR qué es y por qué escoger Oncología Radioterápica no es una mala opción.  

- Comités de Tumores: Habitualmente todos los radiooncólogos participan en los Comités de Tumores de sus hospitales y es allí dónde más podemos ejercer nuestra presencia dentro de nuestro entorno hospitalario y establecer guías o protocolos de actuación por patologías. Sin embargo, hay hospitales pequeños o comarcales que carecen de esta especialidad y desconocen todas las indicaciones de nuestros tratamientos incluso aunque dispongan de oncólogos médicos. Sería bueno tener algún tipo de presencia en ellos y tratar de ser accesibles a las dudas o consultas de sus médicos especialistas. Foros, mails, atención telefónica o telemática son opciones asequibles que les haría pensar en la radioterapia como opción terapéutica de sus enfermos. 

- Atención Primaria, Urgencias y Cuidados Paliativos: Es por todos conocida la brecha existente entre Atención Primaria y Atención Especializada, aunque no voy a analizar ahora las causas. Hemos de tener presente que la principal puerta de entrada de los pacientes viene representada por los Médicos de Familia y los Médicos de Urgencias por lo que tratar de acercarnos a ellos puede facilitar y mejorar nuestro trabajo. Esto es extensible a los médicos que se dedican a Cuidados Paliativos, aunque, al menos en mi experiencia, ellos si conocen nuestra especialidad y nos consultan con frecuencia los casos. Hace poco me explicaron una iniciativa que se había aplicado en el Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Marqués de Valdecilla de Santander donde durante un horario establecido tenían una línea abierta para que los Médicos de Familia pudieran realizar consultas telefónicas sobre la radioterapia. En las Urgencias de los hospitales pasan muchos médicos que nos desconocen por lo que es también competencia nuestra darnos a conocer y facilitar nuestra accesibilidad y ofrecer guías de actuación en casos de urgencia, como por ejemplo, en una compresión medular. 

- Medios de comunicación y Redes Sociales: La información sobre la Oncología Radioterápica en los medios de comunicación tradicional, léase prensa, radio y televisión, es muy escasa y en demasiadas ocasiones está mal redactada, es confusa o alarmista. Sigue siendo nuestro caballo de batalla la mala prensa que tienen las radiaciones, máxime cuando su potencial curativo es cada vez mayor y quisiéramos que esta circunstancia fuera más conocida. Es importante que los periodistas nos conozcan, sepan en qué consiste nuestro trabajo y vayamos de la mano para dar información de calidad al ciudadano. Por otro lado, internet y las redes sociales están teniendo cada vez más protagonismo en temas de salud por lo que nuestra presencia digital se está convirtiendo en una herramienta imprescindible. Si los pacientes están buscándonos, nosotros debemos estar ahí para dar respuesta a su necesidad de información fiable, contrastada y expresada en un lenguaje que el paciente pueda comprender fácilmente. Este recurso está al alcance de todos, sólo requiere una básica competencia digital y tiene sin duda un gran potencial. 

- Instituciones sanitarias:  La presencia de radiooncólogos en puestos directivos dentro de las instituciones sanitarias es muy baja y ello dificulta que nuestras demandas sobre las necesidades en términos de adquisición y reposición de nuevas unidades de radioterapia se vean mermadas. Los jefes de servicio de Oncología Radioterápica han de hacer en muchas ocasiones esfuerzos titánicos con informes detallados, memorias y reuniones con los directivos para que se comprendan sus necesidades. Una vez medianamente comprendidos y alcanzados los acuerdos, surge la dificultad añadida de poner en marcha y materializar lo acordado. Estar presentes en las instituciones ayudaría y mucho a mejorar nuestro equipamiento tecnológico.

Posiblemente me habré dejado cosas en el tintero por lo que si estás leyendo este post y se te ocurren más detalles que añadir a este "selfie" invito a hacerlo a través de vuestros comentarios. 

Les dejo con este sencillo y didáctico video sobre lo que es la Radioterapia. 


viernes, 6 de enero de 2017

Recapitulemos


Arranca un nuevo año y con él multitud de buenas intenciones, que si se se quedan sólo en eso apenas son nada. Lo importante en realidad es materializarlas en todo lo posible, pasar a la acción. Así que conviene reflexionar con suficiente calma y ponerse manos a la obra.  

El año 2016 ha sido un tanto convulso, pero entre una convulsión y otra se ha producido un reseteo necesario muy propicio para el cambio, así que recapitulemos:

- La pérdida puede tener su lado positivo y ser a la larga una ganancia. Aligeras el peso de tu mochila y caminar por el sendero se hace mucho más llevadero.

- Nunca subestimemos el poder de la ilusión, de las ganas y la pasión. Son la gasolina imprescindible para seguir hacia delante, sin pausa y sin prisa. Da igual la velocidad que tomemos en cada momento, lo que vale es avanzar paso a paso.

- Debemos llenar la vida de personas que sumen, que aporten y tratar de alejarse lo más posible de las que resten, nos consuman en exceso la energía o no nos hagan reír de vez en cuando todo lo que nos merecemos. La vida es muy corta para malgastarla. 

- Dar a los demás y ser generoso sale más rentable de lo que en principio pudiera parecer. Es toda una inversión que vuelve hacia ti con creces. Con mis pacientes siempre tengo esa inquietante y agradable sensación. Recibo más de ellos que lo que yo de verdad les puedo dar. Servir y sentirse útil es siempre una tarea altamente gratificante.

- Dejar que la vida nos sorprenda, abrir los ojos y no perder nunca el sentido de la curiosidad. Es una buena aliada que hace todo más fácil. Mirar con ojos curiosos es un ejercicio que debe ser practicado con asiduidad. Si lo hacemos conseguiremos descubrir cosas que nos emocionen y nos maravillen.

- Hay veces que hay que arriesgarse, dejar la piel en aquello en lo que crees. Creer y crear distan una sola letra y cuando trabajas duro por aquello en lo que crees acabas por crear algo más grande de lo que tú mismo imaginabas. Así que ya sabes, dirijámonos hacia nuestros sueños.

- Es necesario de vez en cuando desconectar, tomarnos tiempo para pensar detenidamente, prepararnos para tomar aire y respirar. Hay veces que hay que tomar distancia, cambiar de perspectiva para entender todo mejor y obtener herramientas que nos ayuden de nuevo a conectar. 

- Hay que disfrutar del tiempo de ocio como si fuera oro. Reirse mucho, a ser posible en compañía. La risa es contagiosa, alimenta nuestro cerebro y contribuye a mejorar nuestro estado de bienestar. El sentido del humor no debería perderse nunca y en los malos momentos tiene un poder analgésico incalculable.

- Si aprendemos algo nuevo, no quedárnoslo para nosotros solos. Difundir, compartir y enseñar lo aprendido debería surgir de forma natural. Los demás agradeceremos infinito ese regalo. Multiplicarnos por mil y permitir que los demás también nos enseñen algo de lo que no sabemos es algo muy grande. La inteligencia colectiva nos hace crecer a pasos agigantados y las famosas redes sociales pueden contribuir a ello.

- El valor de los amigos siempre vuelve, aunque hayan pasado treinta o más años desde la última vez que los viste. Lo he podido comprobar. Ha sido muy especial y francamente revelador reencontrarme con compañeros de fatigas de los que hacía tiempo que no sabía de ellos. Ha sido un salto en el tiempo con doble mortal hacia delante y han surgido momentos inesperados e inolvidables.

- Nos enfrentamos a muchos y grandes retos. El mundo y su forma de verlo está cambiando a una velocidad de vértigo. Ahora sobreviven los que son capaces de adaptarse al cambio, a los que salen de su zona de confort y expanden sus límites, a los que tienen pensamiento autocrítico. Si queremos mejorar y evolucionar debemos estar dispuestos a hacer las cosas de un modo distinto. La resistencia al cambio nos vuelve reos, nos arrastra y no nos permite crecer ni volar. Permitirse la licencia de acoger cambios en nuestra vida es una buena receta.

- Es preferible dar vida a los años que años a la vida. La vida con calidad, plenitud e intensidad es sin duda más vida. Merece la pena autocuidarse física y psicológicamente todo lo que nos sea posible. Los que tenemos el oficio de cuidar de otros también tenemos que aplicarnos el cuento. Si nos cuidamos podremos estar en mejores condiciones para seguir hacia adelante.

Y tras este reflexivo post les dejo con el video "El frasco de la vida"